seis meses después

Han pasado seis meses desde que comencé el curso de inglés en el nuevo instituto que me asignó Conicyt. Hace una semana inicié mis clases particulares. Haces cinco días mi profe me dijo que el sistema – libros, metodología- prestado por el instituto, al cual le he dedicado 13 horas semanales, es muy ineficiente. Hace un día que rendí el toefl IBT.

Estoy a seis semanas de remediar el patético puntaje que saqué. Espero que la preparación específica para el toefl aumente mi score. Ayer, que fue la primera vez que lo rindo, lo encontré boring y sobre todo muy largo.

Como consejo, empezar la preparación toefl como mínimo 9 semanas antes. Leer todo el tiempo en inglés porque son tantas pero tantas las palabras poco comunes que aparecen en los textos del examen que es complejo responder rápido. LLevar chocolate, porque son las 4 horas más largas de la historia.  Por último, leer diariamente www.thefreedictionary.com, es muy bueno.

Esto si que es lo último, no tenerle miedo. Es más simple que la PSU. La clave está en enfrentarlo y aplicar todo lo que se ha aprendido como tiempos perfectos, frases verbales, conectores. Eso aumentara el puntaje en el writting.  Cosa que por supuesto no hice en esta ocasión.

He decido transformar este blog en un espacio de descargo, desahogo. Líneas sobre el aprendizaje, barreras, karmas, trancas y sobre todo  logros y metodologías que se cruzan y mezclan a la hora de intentar aprender un segundo idioma. En mi caso, el inglés. Debo superar una autoincapacidad y sacar en el toefl sobre 1oo puntos en dic. próximo. Escribir sobre los avances será mi propio método de aprendizaje.

Cuenta regresiva

Hace un par de meses comenzó la cuenta regresiva, la que hasta ahora no sé muy bien si me agrada del todo: en  agosto de 2012 debo comenzar las clases del Magíster en Estados Unidos. Esto  va asociado a que  el 2011 estará marcado de mini cuentas regresivas. Debo postular a la Universidad  antes de septiembre, debo obtener un puntaje absurdamente alto en el Toefl y dar el GRE antes de agosto.

Evidentemente me llena de orgullo y alegría haber obtenido la beca. “Un reconocimiento a ser tan inquieta, obsesiva y, por supuesto, a estar en el  lugar adecuado en el momento preciso”. Pero debo reconocer también que no es sólo alegría lo que abunda por estos lados. Para una negada del inglés y casi cabeza dura para el tema, el primer obstáculo es la prueba idiomática. Lo que viene después es el desapego.

La emoción es extraña es una mezcla entre entusiasmo y miedo. Como sea el asunto es que después de tres semanas de vacaciones ya estoy lista para ponerme la mochila. Veremos que pasa.

The Clinic

Nada de críticas:

En nuestro afán por comentar y evaluar nuestros panoramas de fin de semana, con René hemos creado la sección “te lo mereces y te hace bien” en que categorizaremos aquellos conciertos, seminarios, comidas y bandas que encontremos en nuestro rumbo.  Más que ser una guía, queremos compartir nuestra experiencia.  Lo reconocemos, somos un par de exhibicionistas cibernéticos.  Juzgue usted cuánto tenemos que mostrar.

The Clinic

El semanario The Clinic ya no sólo se puede comprar todos los jueves en el kiosco de la esquina, sino también se puede visitar cualquier día y a cualquier hora. Esto porque hace tres semanas abrió sus puertas el ya no tan nuevo restorán The Clinic, ubicado en Monjitas 578, en la antigua casona del Partido Radical.

The Clinic es de aquellos lugares donde puedes invitar a un extranjero y hacerlo pasar a Chile por un país irreverente, o invitar a una nueva conquista y quedar de maravillas porque The Clinic Restorant cuenta con todos los requisitos que hacen de un lugar imperdible.  Tiene una onda izquierdosa y cool. Comida sabrosa y precios razonables. Y una muy buena atención que, esperemos, no sea producto de la inauguración solamente.

En nuestra visita degustamos la tortilla española con chorizo, la cual va acompañada de  pansito y una rica salsa de acompañamiento ($3.000), pisco sour hecho en casa (2500) y cerveza Cusqueña bien helada ($.1600).  Delicioso.

Por su calidad, servicio, buena música y precios le ponemos cuatro estrellas y media.

Ella

Cada vez  que  llego a la casa de mi abuela pasada las 10 de la noche la veo columpiándose.

Está sentada en el único columpio que hay en la plaza. Mirando el suelo, moviendo sus pies pareciendo dibujar algo. Quizás alcanza los 25 años, no viste jeans ni tampoco una polera estampada con su banda o director de cine favorito, sino que luce un amplio buzo color gris y el cabello le llega hasta los hombros.

Tampoco usa audífonos, ni escucha música desde su celular o Mp3, artículos indispensables para una persona de su edad, sino que se limita a aferrarse fuertemente a las cuerdas del sucio y viejo columpio.

Quizás pesa 90 kilos, usa pantuflas y tiene una mirada triste, distante.  Ella no está planificando su futuro como las chicas de su edad, no sale los viernes a tomarse un trago y a pelar a su jefe con sus compañeras de universidad, ni va al cine los domingos.

Ella tiene un trastorno metal y por las noches sale a dibujar cuadros de tierra en una solitaria y sucia plaza de Conchalí.

21 días

Ayer volví a Chile, tres semanas en Centroamerica. ¿Cómo me recibe Santiago? Como debe ser, supongo, la primera micro que tomo quedó en pana, mi sobrimo habla más que cuando me fui, mi amiga J tiene entretenidos cuentos que contar, una de mis plantas murió, mi madre está más deprimida de cuando la dejé, Chile cuenta con un “increible” staff de ministros, todo como siempre.

Yo? Volví casi igual, en contra de todo lo que pensaban mis conocidos, no volví rodando sino que peso exactamente lo mismo que hace tres semanas, eso dice por lo menos la pesa de  la farmacias Cruz Verde; ¿mi piel? un poco mas morena, el pelo hecho añicos y el cutis también ( lo que siempre pasa cuando se está de vacaciones, por lo menos eso decía hoy la señora que estaba al lado mio en la peluquería), con hermosos y entrañables escenas para mi cajita azul de recuerdos y con ganas de hacer cosas (de aquellas que se olvidan en el año como pintar, jugar con el Benja, escribir, crear).

Estos 21 días fueron especiales, distintos. La diferencia no la hace estar fuera de Chile, sino estar fuera de la rutina y de la inercia. R marcó la diferencia, evidentemente, pero además contar con un espacio para mirar el cielo, tomar una bebida sin pensar en el mañana definitivamente son esos los momentos que marcan.

Definitivamente, también, lo bueno de salir está en volver.

tareas

Ayer no hice mis tareas. No me lavé los dientes después de almuerzo, sino hasta las cinco de la tarde, no escribí mis lineas diarias – esfuerzo diario por ser mejor journalist–, no jugué con Benjamín, no me comí la ensalada ni la colación de las cinco de la tarde, tampoco fui al gimnasio.

Definitivamente hay días en los que sería mejor quedarse en cama, adelantar la escena o apretar pause si fuese necesario.


Oficios

Un doctor que no es capaz de sanar, no podría considerarse un buen médico. Tampoco un dentista que no sabe tapar caries, ni un músico que es incapaz de reconocer un par de acordes. Pero, ¿Qué pasa con los periodistas? Acaso no poner un punto o una coma en el lugar adecuado  o no encontrar la forma exacta para explicar una idea te pone en el eslabón de “mal periodista”.

Hasta hace una semana pensaba que esta profesión estaba asociada a mucho más que escribir bien un par de ideas, pensaba que de no ser así cualquier pelotudo con buena redacción podría ser catalogado como un buen periodista. Error, la historia demuestra lo contrario.

Al parecer tendré que tomar mis cuadernos de caligrafía y comenzar a recordar cada consejo que me dio Raúl Muñoz – profesor de redacción de la U – hace cinco años. De lo contrario, pasaré a ser una cifra, aquella que pretende bajar Piñera y que alcanzó dos dígitos el 2008.

Seguramente Fuguet es el único hombre al que le gustó Julie and Julia, y tal vez, yo la única pelotuda que creí en sus palabras.

Luego que cancelaran mi cita de hoy, decidí tomarme la tarde e ir al cine.  Mi primera opción era “Hace mucho que te Quiero”, para así, como decía Carlos Ossa, ver sufrir a la gente y olvidar nuestra propia tragedia. Opción que deseché porque solo  se exhibía en el Hoyts de la Reina (cine que detesto con toda mi alma, por lo lejos que queda de mi casa y por que me refriega en el rostro que por no vivir en  “Ñuñoa”, solo me merezco películas como 2012 o Lluvia de Hamburguesas).

Pasada las siete de la tarde, dejé mi desordenado escritorio, tomé la película que arrendé el fin de semana-porque sí arriendo todavía películas- y corrí al siempre poco aseado Hoyts de Huérfanos.

Allí era bien ridícula la escena. Cerca de ocho féminas viendo como dos mujeres cocinan y tienen parejas perfectas. Las historias, de Julie y Julia, tan alejadas de la mía, me volcaron a pensar más bien en cuánto me gustaría ser como Meryl Streep. No cocinar como Julie, pero lograr atemorizar con una mirada fija. Ella es a simple vista, atemorizante, ruda…Cualidades que se alejan de mi quizás tanto como las protagonistas de esa dulce y tiernucha película.

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